Siniestro barco
Dentro del mundo del misterio hay elementos que a lo largo de los siglos se han ido asentando en el imaginario colectivo como perfectas muestras de lo que ese mundo representa.
Por el terror que infunden, lo evocadores que resultan o las mil y una cuestiones que sugieren, siempre inciertas, despiertan multitud de emociones en nosotros.
Un buen ejemplo de esto que digo es el caso de los barcos fantasma, embajadores de primera de lo oscuro y desconocido.
Precisamente por eso, en esta entrada quería hablar de uno de ellos que tiene sobre sí toda la carga de connotaciones típicas, pero por supuesto aderezadas además con el punto animal que nos gusta encontrar.
Así que, comencemos por el principio. Nos encontramos en 1976 en unos astilleros de la extinta Yugoslavia, en los que un majestuoso buque de 91 metros de eslora iba a ser botado por encargo de la antigua Unión Soviética.
Se trataba del crucero Lyubov Orlova, llamado así en honor a una actriz rusa, que estaba destinado al transporte turístico de viajeros por las frías aguas del Norte cercanas al Ártico.
En sus primeras décadas de servicio así fue, sin que hubiera nada misterioso reseñable en su devenir diario, desempeñando su función tal como había sido pensada.
Sin embargo, entrados los años 2000, problemas financieros serios fueron estrechando la capacidad de maniobra de su armador, hasta que en el año 2010, estando atracado en San Juan de Terranova, el barco fue incautado por las autoridades canadienses.
Allí permaneció otros dos años más, hasta que finalmente fue subastado y adquirido para ser desguazado en la República Dominicana. Se acordó su traslado hasta aguas caribeñas y ese fue el origen de la historia oscura del navío.
En enero de 2013, el remolcador Charlene Hunt, comenzó con el traslado del crucero. No tardaron en surgir los problemas. Al día siguiente, el cabo que unía ambos barcos se rompió debido al mal tiempo reinante y aunque el remolcador intentó de nuevo volver a recobrar al Orlova no lo consiguió y este último se fue alejando a la deriva.
Ese 28 de enero, el navío fue visto mientras se desplazaba lentamente hacia el este frente al extremo sureste de la península de Avalon, todavía en Canadá.
Por ello, se encomendó la tarea de intentar alcanzarlo de nuevo a otro barco que estaba por la zona y tenía capacidad para ello, el buque de suministro Atlantic Hawk.
Su capitán comunicó el 1 de febrero que habían logrado hacerse con el control del Orlova y que lo llevaban hacia aguas internacionales.
Dado que la misión había partido de las autoridades canadienses y estas únicamente estaban preocupadas de que el crucero fuera una amenaza para sus instalaciones petrolíferas marinas o sus costas, cuando estuvieron seguros de que la corriente no llevaría de nuevo al Orlova hacia Canadá, dieron orden al Atlantic Hawk de desamarrarse y dejar de nuevo a la deriva al primero.
A partir de entonces, el buque turístico pasó a convertirse en un barco fantasma en el Atlántico Norte.
Fue avistado posteriormente el 4 de febrero a unas 250 millas náuticas al este de San Juan de Terranova, mientras se desplazaba a la deriva en dirección noreste. Eso indicaba que a partir de ahí podía acabar en cualquier punto del Atlántico.
Más tarde, el 23 de febrero, parece que fue localizado por medio de satélites a unas 1.300 millas náuticas de la costa de Irlanda, lo que puso en alerta a las autoridades tanto irlandesas como británicas.
A primeros de marzo, medios irlandeses informaron que había recibido una señal de la radiobaliza de localización de emergencia (EPIRB) del Orlova, ubicada a 700 millas náuticas de la costa de Kerry, todavía en aguas internacionales.
Dado que Una EPIRB comienza a transmitir solo cuando el dispositivo está expuesto al agua, se pensó que el navío podría haberse hundido. Aviones irlandeses se acercaron a la zona, pero no lograron detectar señal alguna del barco o de su naufragio.
Desde entonces, el Lyubov Orlova forma parte de la pléyade de barcos fantasma que se cree pululan por esos mares, habiendo sido protagonista de noticias esporádicas más o menos detalladas durante todos estos años, pero lo cierto es que el destino final del buque sigue siendo una incógnita.
Pero, diréis, ¿Y dónde están los animales? Pues bien, vamos con ello, porque sí son protagonistas también de la leyenda del barco.
En las costas irlandesas y británicas siempre ha habido gran aprensión a lo que la supuesta llegada del Orlova en cualquier momento, pudiera llegar a traer, pues se dice que llevaría gran cantidad de visitantes no deseados.
Seguramente por observaciones de los marineros del Atlantic Hawk, hasta dichas costas llegaron los rumores de que el navío a la deriva llevaba una tripulación nada amistosa.
Se trataba de una ingente cantidad de ratas, que además sin suministros a la vista y encerradas a la deriva, se habían convertido poco menos que en monstruos caníbales y sedientos de sangre, por lo que nada bueno habían de esperar si llegaban a tocar tierra junto con el Orlova.
No hay que imaginar mucho para deducir la escena de montones de ratas hambrientas corriendo por las calles y entrando por todas partes, que toda esa población costera visualizó en sus mentes.
De ahí que el buque perdido adquiriera un siniestro significado con el que todavía hoy se refieren al mismo, esperando que realmente se haya hundido y no acabe embarrancando junto a sus casas con su aterradora carga, un aciago día.
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