Unos habitantes marinos, también mamíferos para más señas, con los que nosotros los humanos hemos tenido siempre una conexión especial, son sin duda los delfines.

Su inteligencia, comportamiento social e historias de todo tipo los han convertido en unos animales realmente populares y muchas veces admirados.

Una de esas historias sorprendentes fue la protagonizada por un primo de los delfines entre finales del siglo XIX y principios del XX.

Se trataba de una animal en concreto, un hermoso calderón gris (Grampus griseus) que llegó ser increíblemente famoso en su zona de influencia.

Para conocer el motivo de tal fama deberemos desplazarnos a la otra parte del mundo, hasta llegar a agua neozelandesas.

Es 1888, nos encontramos en aguas del estrecho de Cook, el canal marino de unos 200 km de largo que separa las dos islas de Nueva Zelanda. Por allí en la franja aproximada entre el Cabo Francisco y el punto Collinet, se inició todo.

A finales del siglo XIX la ruta marítima más corta por el estrecho entre las ciudades neozelandesas de Wellington y Nelson, era la que atravesaba el paso de French Pass, conectando el propio estrecho de Cook con la bahía de Tasmania.

Se utilizaba por ser las más corta, pero no era la más segura,  ya que las aguas del French Pass eran bien conocidas por sus fuertes y traicioneras corrientes, que podían fácilmente llevar a un barco a estrellarse contra las rocas.

Un buen día navegaba por allí una goleta de nombre Brindle. Cuando estaba justo por ese punto, el vigía divisó la silueta de un animal que nadaba junto al barco.

Otros miembros de la tripulación cogieron sus armas con la intención de dar caza al cetáceo, pero al parecer, la mujer del capitán les convenció para que no le dispararan. Lo que la buena mujer seguro no imaginaba era la increíble historia a la que iba a dar pie con su acto.

Hagamos aquí un inciso para recordar que la zona de la que hablamos es una bastante complicada para la navegación, pues las corrientes y fondos marinos resultan peligrosos y de no ir con cuidado no resulta difícil tener problemas serios.

Pues bien, ante la incredulidad de todos, aquel animal dejó de ir junto a la embarcación, para situarse por delante y comenzar a navegar por el paso como si quisiera guiar al buque. Casi sin saber muy bien si hacía lo correcto, el capitán ordenó seguir la ruta del calderón, lo que les permitió llegar al otro lado con total seguridad.

A partir de ahí, el inteligente animal comenzó a realizar la misma tarea con cualquier barco que llegara a la zona. Pronto la voz se corrió y los marineros no dudaban en seguir la guía del animal pues sabían que les libraría de percances.

En los años posteriores la fama del cetáceo creció tanto que había aparecido en todos los periódicos locales y hasta se hicieron postales con su efigie. De hecho, había barcos que si no veían al animal esperaban fondeados y hasta que no aparecía para guiarles no iniciaban la travesía.

Independientemente de las condiciones del mar o meteorológicas, el calderón parecía saber de una manera innata cuál era en cada caso la ruta más segura por los estrechos brazos de agua.

Por supuesto el astuto animal marino era fácilmente reconocible y esperado por todos los que pasaban por allí, siendo bautizado como “Pelorus Jack”, se cree que por la bahía del mismo nombre, ubicada en un extremo del French Pass y el Jack por pensar que se trataba de un macho, aunque lo cierto es que nunca se llegó a determinar con precisión el sexo del animal.

Fue fotografiado varias veces y de ahí se pudo saber que era un calderón gris de unos 4 metros de largo y de un color general blanco grisáceo. Curiosamente, la identificación de la especie a la que pertenecía devino en otro misterio, puesto que los calderones grises son sumamente raros en aquellas aguas y de hecho hasta entonces no se habían registrado más que únicamente 12 observaciones anteriores en el último siglo.

Por qué ese animal en concreto se había establecido allí en solitario y se dedicaba a esa altruista tarea de guiar barcos, era no obstante el misterio principal al que nadie hallaba explicación.

Sea como fuere, lo cierto es que en los años que estuvo por allí haciendo su labor, no se registró naufragio alguno en la zona, cosa que resultó también asombrosa, dada la historia de esas aguas.

Aunque hubo una notable excepción. En 1904 el ferry SS Penguin, realizaba una travesía y el animal le guiaba de la forma habitual. Sin embargo ese día todo cambió.

Un marinero que se conoce no tenía nada mejor que hacer, decidió coger un fusil y disparó al animal, afortunadamente no logró herirlo de gravedad, pero hizo que el calderón huyera.

La noticia corrió como la pólvora entre los marineros de otras tripulaciones y los habitantes locales, levantando una tremenda oleada de indignación, hasta el punto de que la cosa llegó a oídos del gobierno central.

Sus miembros, en una decisión sin precedentes, promulgaron  el 26 de septiembre de 1904 un Decreto en Consejo (Order in Council), una figura legal habitual en los países de la Commonwealth, bajo la Ley de Pesquerías Marinas.

En ese decreto pionero se prohibía todo tipo de intento de dañar a Jack, por cualquier medio utilizable, lo que convirtió al inteligente calderón en la primera criatura marina individual protegida expresamente por la ley, en cualquier país del mundo.

A pesar del susto Jack, continúo guiando a los barcos por el French Pass, aunque según dicen las crónicas jamás volvió a acercarse al Penguin, buque que, como indicaba líneas atrás, se convertiría en la excepción sobre la falta de bajas conseguida gracias al cetáceo.

En 1909, navegando por el estrecho de Cook, el Penguin, sin la guía de Jack, se hundió provocando la muerte de 75 personas. No pocos marinos lo atribuyeron a una maldición por haber disparado al calderón.

Ajeno a otras historias, Pelorus Jack siguió agrandando la suya y su leyenda hasta 1912, cuando se le vio por última vez, sin que nunca se llegara a saber qué fue finalmente del maravilloso animal.

No obstante su figura ha seguido presente, recordándose los hechos que protagonizó durante tanto tiempo, hasta en las escuelas locales.

En 1989, la compañía de ferrys Interislander, que cubre la ruta por el estrecho de Cook, adoptó su imagen en su nuevo logo, que sigue siendo el mismo en la actualidad.

Además, en la costa, justo en uno de los extremos del French Pass, se puede ver una bonita estatua conmemorativa en su honor.

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